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Saturday, November 20, 2010

Miami esconde a sus pordioseros.

Para que  los  turistas  no sean   importunados  por  los  limosneros  que por cientos  deambulan solicitando dinero por  la  zona comercial del  centro  de  la ciudad, los  Comisionados  de Miami  han  tomado  por unanimidad   la resolución de acabar con los  pobres desamparados sin hogar  ni  fortuna,  imponiéndoles  multas  o llevarlos a  la cárcel  si la policía  los  sorprende  en  tal actividad.
Es  como  el  cuento  del  marido  burlado, que  sorprende a  su  esposa  acostada en el sofá  de la  sala  con el  amante y en vez  de  botar a  su mujer a  quien  bota  es  al  sofá. La solución  de  los  Comisionados  de  Miami  no es  resolver  el  problema  social  que  representan  los  desamparados, sino  prohibirles que  anden  por  las  calles  de la  ciudad  solicitando ayuda por  caridad.   Da vergüenza  que  con tantos  rascacielos y apartamentos de lujo  que tiene  Miami,  por  cada  uno  de ellos  haya un centenar  de  mendigos pidiendo  en las  calles  una  peseta  para  comer. Persiguiendo a  los  miserables  con  la  policía no  se  acaba con-  la miseria,  digo  yo.

Saturday, October 2, 2010

Participación

Participación
Por Sandra Russo

En medio de la estupefacción por el golpe finalmente abortado en Ecuador, cuando el desenlace era todavía incierto y lo vi asomarse a Correa por ese balcón del hospital, aflojándose nerviosamente el nudo de la corbata y gritando desencajado “¡Aquí tienen al presidente! ¡Mátenmme!”, se me cruzó por la cabeza un helicóptero.

La asociación vino porque al principio la situación era ésta: amotinamiento y sedición policial, e inmediatos saqueos a bancos y comercios, para reforzar la justificación de nuevas autoridades. El restablecimiento del orden es la justificación por excelencia de cualquier golpe de Estado. En 2001 vimos un helicóptero abandonar la Rosada, mientras recién se empezaban a contar los muertos civiles sobre los que cargó la policía.

Las circunstancias han cambiado mucho. Tanto como el trecho político y moral que se puede trazar entre figuras como Rafael Correa y Fernando de la Rúa, y la forma de hacer política que los dos representan.

En Ecuador hubo una hilacha de los ’70, con una fuerza de seguridad desacatando la Constitución, ejerciendo violencia física contra el presidente, y una hilacha de estos nuevos golpes blancos, que ya no engañan a nadie: la oposición ecuatoriana que salió a “defender la democracia” instando a Correa a pactar el veto de la ley del escándalo para finalizar su secuestro es claramente golpista. Todos los que excusándose en el presunto y siempre cacareado “populismo autoritario” de Correa usaron esas horas terribles para “comprender” la actitud policial y sugerir promesas de amnistía o llamado a elecciones son golpistas. Los medios de comunicación privados que se replegaron para desinformar sobre la situación del presidente y volcaron sus coberturas a los saqueos son golpistas.

En la resistencia de Correa, en su decisión de amparar su gobierno con su vida, uno puede leer tantas cosas... Esta región es fuerte, está acechada pero es fuerte. Y tiene hoy más que nunca razón Correa cuando se aferra a la alegría como eje de una enorme voluntad colectiva de cambio. Hemos presenciado cómo se movilizaron, cómo pusieron alma y cuerpos esos sectores que defienden el modelo ecuatoriano, de la misma manera que lo hicieron y lo siguen haciendo los que repelieron el golpe en Honduras.

Las derechas y las izquierdas ya elaboran teorías sobre la “capitalización” por parte de Correa de la agresión vivida. Siguen girando en falso, sin tomar al toro por los cuernos, los que en lugar de debatir política se dedican a rellenar los casilleros del formulario que les han bajado: tenemos gobiernos que no respetan la institucionalidad y en consecuencia hay que voltearlos. La paradoja del golpista moderno. Una ideíta casi de marketing que los grandes medios regionales se ocupan de reforzar junto a las dirigencias tradicionales.

Pero lo bananero caducó. Es otra estirpe de presidentes la que nos toca. Pocas cosas me impresionaron más en la madrugada del sábado que escuchar a Alan García, que había resuelto con el colombiano Juan Manuel Santos cortar relaciones comerciales con Ecuador hasta que el poder no le fuera restituido a Correa.

“Aahhh, las cosas que inventan de Lula...”, dijo Lula da Silva en una conferencia de prensa. Me llamó la atención el tono, el “aahhh” como una queja, un lamento. Un tono visceral. Protestaba contra los grandes medios de Brasil. Esta semana también, en este diario, Eric Nepomuceno daba una semblanza sobre el comportamiento brutal que han tenido los grandes medios brasileños, difundiendo toda clase de denuncias sin chequear nada, mintiendo.

Las mentiras de los grandes medios están convirtiéndose en el principal ariete de las derechas para limar gobiernos democráticos. En Ecuador, los medios privados, ante el arribo de una nueva ley de medios, conspiran con los golpistas. Colaboraron para desinformar a las fuerzas policiales. Colaboraron abandonando las coberturas. Colaboraron por acción y omisión.

La “libertad de expresión” que reclaman los grandes medios y por la que tienen representantes legislativos, ¿incluye la alteración de hechos, la tergiversación de declaraciones textuales, la deformación ex profeso de los acontecimientos? Seguimos condenados a esa indefensión, porque la desinformación ostensible y maliciosa es indefensión.

En el patio trasero la rienda estuvo siempre tirante. Los excesos de los ’70 fueron sucedidos por la complacencia de los ’90. Hace medio siglo que en la región no surgían gobiernos fuertes y populares. No es nada casual que la mención de un gobierno fuerte y popular lleve inmediatamente a la idea de populismo autoritario. Como si hubiera que renunciar de antemano a la idea de un gobierno fuerte y popular, porque de eso no se puede esperar más que ese cliché. Uno se pregunta entonces cómo puede hacer un gobierno para ser popular, si no es fuerte.

Este es el punto en el que se cruzan todos los vientos. Es el prejuicio que se levanta como bandera solapada. Es aquello que se quiere disolver bañándolo en un sentido negativo. Y es, por otra parte, ya no un motivo, sino una causa por la que estas democracias buscan, con todo su derecho, ser participativas.

Página|12 02/10/10

Friday, October 1, 2010

viernes 1 de octubre de 2010

Embajadora USA en Quito, Hodges sabe de golpe de estado y también de bloqueo

Jean-Guy Allard

La Embajadora de Estados Unidos en Quito se “distingue” por sus numerosos vínculos con la USAID, la cara visible de la inteligencia norteamericana que consagra anualmente decenas de millones de dólares a intentar desestabilizar los gobiernos progresistas de América Latina. En su carrera diplomática tuvo el “privilegio” de conocer la dictadura sangrienta del general golpista guatemalteco Rios Montt y de conspirar como alta funcionaria de la Oficina de Asuntos Cubanos.
Heather Hodges, es una ex embajadora en Moldavia, nación que formaba parte de la ex URSS y donde se dedicó a excitar los diferendos que este país tiene con Rusia por la región de Transnistria.

En Ecuador, se sabe que “Su Excelencia” no se perdió una oportunidad de estimular el trabajo sórdido de su personal de inteligencia y de exacerbar el debate sobre el debate sobre un proyecto de separación de Guayaquil promovido por una cierta derecha.

A través de la USAID, Hodges también garantiza a ONGs manipuladas por elementos de extrema derecha fondos para desarrollar sus operaciones de penetración de la opinión.

Su biografía oficial del Departamento de Estado cuenta que nació en Cleveland, Estado de Ohio, que detiene una licenciatura en español de la Universidad St. Catherine de St. Paul, Minnesota y una licenciatura en filosofía y letras de la Universidad de Nueva York. Vivió varios años en Madrid, en la España franquista de los años 70.

Llegó al Ecuador a principios de agosto de 2008, seleccionada por la Administración de George W. Bush.

Hodges se sumó al “staff” del Departamento de Estado en 1980 y fue asignada a Caracas, Venezuela.

Pasó luego a Guatemala donde pudo apreciar el golpe de estado que llevo al poder al general Rios Montt bajo el cual se aceleró la militarización del país, con la complicidad de EE.UU., y ocurrieron masacres de civiles en lo que fue el período más violento de la historia guatemalteca.

En enero de 1989, pasó a ser cónsul antes de regresar al Departamento de Estado.

Sus convicciones de extrema derecha le permiten acceder en 1991 al puesto de Subdirectora de la Oficina de Asuntos Cubanos, una responsabilidad directamente vinculada a las maquinaciones de la CIA. Se desempeña en esta dependencia de pésima reputación del Departamento cuando acaba de derrumbarse el campo socialista y que se introduce el proyecto de ley Torricelli, que promulgó la extraterritorialidad del bloqueo contra la Isla.

En 1993, Hodges fue asignada a Managua, Nicaragua, como Ministra Consejera de la Misión ante el gobierno de Violeta Chamorro que privatizó la Banca, las Minas, el transporte, la salud, la educación y bajo el cual subieron dramáticamente los índices de narcotráfico, analfabetismo y corrupción.

Hodges fue ministra consejera de la Embajada de los Estados Unidos en Madrid, desde junio de 2000 hasta julio de 2003, bajo el régimen de José María Aznar que la condecoró.